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Miembros de la campaña de Trump se entregan ante autoridades que investigan colusión electoral rusa

​Varios medios confirman que Paul Manafort se entregó en una oficina del FBI en Washington DC

El exasesor de la campaña del presidente Donald Trump, Paul Manafort, y uno de sus exasociados de negocio, Rick Gates, se entregarron este lunes ante las autoridades federales que investigan las presuntas interferencias de Rusia en las elecciones generales de 2016, según informó el diario estadounidense The New York Times.

El medio de comunicación digital, Bloomberg, así como CNN y la AFP, confirmaron que el exasesor se entregó en una oficina de la policía federal en la capital estadounidense. Minutos después lo hizo su socio comercial.

Un jurado federal en Washington DC aprobó el viernes los primeros cargos en la investigación que encabeza Mueller, según informó la cadena norteamericana CNN.

En una serie de tuits, Trump denunció el domingo una "caza de brujas" y refutó cualquier "colusión" con Rusia durante la campaña presidencial del año pasado.

"Toda esta historia de Rusia justo cuando los republicanos están impulsando una histórica reforma y recorte de impuestos, ¿es una coincidencia? ¡NO!", escribió.

El abogado del presidente, Ty Cobb, dijo en un mensaje a las cadenas CNN y Fox News que los tuits "no tenían nada que ver con las actividades del fiscal especial, con quien continúa cooperando".

A Manafort, así como el efímero asesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn, tenían actividades no declaradas como lobistas en países extranjeros, entre ellos Ucrania y Rusia.

El sitio web Buzzfeed reveló el domingo que el FBI estaba investigando una serie de transferencias de dinero relacionadas con Manafort por un total de tres millones de dólares entre 2012 y 2013.

Calificadas de dudosas por instituciones financieras estadounidenses, algunas de estas 13 transferencias de las que Buzzfeed obtuvo los detalles tienen relación con Ucrania.

Según el sitio web, las autoridades notaron estas transferencias desde el año 2012, e investigaban si Manafort estaba envuelto en algún tipo de fraude fiscal o si había ayudado al régimen ucraniano -cercano al presidente ruso Vladimir Putin- a lavar dinero.

Ty Cobb aseguró al New York Times que Trump estaba confiado en que ni Flynn ni Manafort tienen ninguna información que pueda hacerle daño.

El o los cargos de este lunes marcarán una nueva etapa en las pesquisas que lleva adelante Mueller, nombrado en mayo para encabezar una investigación independiente sobre la interferencia rusa en la campaña de 2016 y establecer si hubo o no colusión con el equipo del candidato republicano. Esta investigación es distinta a las que emprendieron varias comisiones del Congreso.

Trump, secundado por muchos republicanos y parte del mundo conservador, emprendió un contraataque contra los demócratas y Hillary Clinton, a la que acusó de colusión con Rusia durante la venta de la empresa Uranium One al grupo público ruso Rosatom en 2010.

Asimismo, la revelación de que la campaña de Clinton y el Partido Demócrata financiaron una investigación privada sobre Trump, compilada en un explosivo informe, hizo correr ríos de tinta en el campo conservador.

"Nunca he visto tanta ira y unidad republicana por la falta de investigación sobre el informe falso hecho por Clinton (...) la venta de uranio a Rusia, los 33.000 correos electrónicos que se eliminaron, el asunto de Comey, y muchas otras cosas", escribió Trump en Twitter.

"Hay tanta CULPA de los demócratas y Clinton, y ahora los hechos están hablando. ¡HAGAN ALGO!", agregó en otro tuit.

Algunos republicanos, por el momento aislados, incluso pidieron la renuncia de Mueller, acusado de estar demasiado cerca de James Comey. Chris Christie, gobernador de New Jersey y aliado del mandatario, advirtió el domingo que el fiscal debería ser "muy, muy cuidadoso".

Mientras tanto, los demócratas han advertido que si Trump despidiera a Mueller, o emitiera indultos preventivos a cualquier persona atrapada en su red, estaría cruzando la línea.

Esta aceleración en las investigaciones ocurre cuando Trump se acerca al primer aniversario de su elección, que tuvo lugar un 8 de noviembre.

Él se jacta de lo bien que lo está haciendo e invoca el crecimiento de 3% en el tercer trimestre, pero su popularidad continúa en números bajos, como lo confirmó una nueva encuesta dada a conocer este domingo por NBC y The Wall Street Journal.

Un 38 por ciento de los estadounidenses aprueba su gestión, el número más bajo desde que asumió la presidencia en enero, mientras que 58 por ciento la desaprueba. Sin embargo, 81 por ciento de los republicanos sigue apoyándolo.