Fiebre del oro se apodera de vecinos en Corcovado debido a problemas económicos, advierte SINAC

Ilegal​Guardaparques encuentran 12 estaciones de oreros artesanales por mes en el parque


El Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac) y el Ministerio de Ambiente y Energía (Minae) incrementaron la presencia de guardaparques y la cantidad de inspecciones y operativos en el Parque Nacional Corcovado para combatir la actividad orera ilegal.

De hecho, a partir de esta semana y hasta el 31 de diciembre, el parque estará siendo protegido y monitoreado por 35 personas. Normalmente el parque es cuidado por unas 25 personas.

Esto porque la difícil situación económica que afecta a la Zona Sur del país provoca que algunos vecinos de la Península de Osa – sobre todo de Puerto Jiménez – ingresen a Corcovado para extraer oro de los ríos de manera ilegal, indicó el jefe de Control y Protección del Sinac en Osa, Carlos Madriz.

jefe de control y protección del sinac en osa, carlos madriz

Las autoridades descubren en promedio, 12 "champas" por mes en el área de nacimiento de los ríos de Corcovado.

Las champas son infraestructuras rústicas, hechas con varios postes de madera y con plástico donde habitan durante un par de días algunos oreros que ingresan al área protegida para extraer el preciado metal.

Comúnmente las autoridades no encuentran el oro que fue extraído porque los hombres lo escoden en el bosque o bien, tampoco hallan a los oreros quienes huyen cuando escuchan el ruido de los inspectores al caminar.

No obstante, según el Centro de Control de Protección de Osa, de enero de 2013 a la fecha, las autoridades han interpuesto 42 denuncias y detenido a 76 personas por infracción al Código Minero. Un total de 15 de esas denuncias fueron llevadas a los Tribunales de Flagrancia; el resto se tramitó ante la Fiscalía Ordinaria Ambiental de Golfito.

De los 15 casos – de 1 a 4 personas por cada caso - en flagrancia; 5 culminaron en condenatorias que no exceden los tres meses de prisión. Dos casos resultaron absueltos.

Esto pese al daño ambiental ocasionado por los oreros.

Por ejemplo, en el último operativo efectuado en julio anterior se encontró que en un puesto de champas hubo remoción de tierra por 7.492 metros cúbicos, con un costo para el ambiente superior a los ¢320 millones.