La tanorexia o cuando el bronceado se vuelve una adicción

Salud​Los rayos UV, procedentes del sol o de una lámpara, estimulan la producción de melanina, que a su vez libera endorfinas, hormonas que producen una sensación de bienestar

En una calurosa tarde de verano en Madrid, hombres y mujeres de piel tostada desfilan sin parar por un centro de bronceado: incluso en España, uno de los países más soleados de Europa, los rayos UV pueden volverse una adicción.

El bailarín José Manuel Rodríguez, de 36 años, admite entre risas que detendría sus tres sesiones semanales de bronceado si no tuviera más remedio, pero que no le gustaría. Todo, con tal de "no perder el color" obtenido durante las vacaciones.

José Carlos Moreno, de la Academia Española de Dermatología y Venereología, no duda en hablar de adicción. Es gente "que está obsesionada con tener su piel bronceada y por mucho que se broncee no está satisfecha, como las chicas o los chicos que tienen anorexia y siempre se ven gordos", explica. Su perfil: principalmente mujeres y menores de 40 años, que se exponen a los rayos más de dos veces por semana, hasta el punto de adquirir un color excesivamente naranja o chocolateado.

El bronceado, una droga

Las cabinas de bronceado surgieron en los años 1980, en Estados Unidos, y los investigadores norteamericanos fueron los primeros en abordar esta adicción, bautizada 'tanorexia', en los 2000.

Deseo de broncearse al despertar, necesidad de 'dosis' crecientes, ansiedad al parar, culpabilidad, ultrasensibilidad a los comentarios de los demás: estos síntomas son similares a los de la adicción a la heroína, señala Joel Hillhouse, investigador en la Universidad de East Tennessee.

Totalmente dependientes, algunas personas "siguen utilizando las cabinas pese a tener un cáncer de piel, roban dinero a sus allegados o se compran camas de rayos UV para broncear cuando se despiertan en mitad de la noche", explica.

"Una de las razones que les lleva a broncear es no ya cómo se ven, sino cómo se sienten", asegura Steve Feldman, dermatólogo de la Universidad Wake Forest de Carolina del Sur.

¿Es una droga? "Completamente", responde.

Los rayos UV, procedentes del sol o de una lámpara, estimulan la producción de melanina, el pigmento que colorea la piel, y este fenómeno libera endorfinas, hormonas similares a la morfina que producen una sensación de bienestar e inhiben el dolor.

A esto se agrega la presión social: las top-models de piel color caramelo, los futbolistas ricos, guapos y bronceados como el astro del Real Madrid Cristiano Ronaldo, son figuras que los jóvenes quieren imitar.

Cambiar las mentalidades

La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó en 2012 los aparatos de rayos UV como cancerígenos. Brasil fue el primer país que los prohibió por completo en 2009, seguido por Australia. Este último país tiene la mayor tasa de melanoma –el cáncer de piel más agresivo– del mundo, con 11.000 casos por año.

En España, donde se diagnostican 3.600 casos de melanoma al año, "cabinas de bronceado cada vez hay más, bien como centro específico, bien como un servicio complementario en centros de belleza o gimnasios", alerta el doctor Moreno.

No existen tratamientos específicos para los tanoréxicos. En Estados Unidos, los investigadores sugieren la creación de grupos de apoyo, similares a los de los alcohólicos anónimos, e intentar sustituir el bronceado por alternativas relajantes como el masaje o el yoga.