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Ministra de Justicia: "Yo hubiera derribado la mayoría de nuestras cárceles"

​A las puertas de su renuncia, Cecilia Sánchez, lamenta que prisiones nacionales aún incumplan condiciones mínimas para privados de libertad

El gran pendiente de la ministra de Justicia, la abogada Cecilia Sánchez, es no haber podido demoler las cárceles del país que carecen de las condiciones mínimas para atender de forma adecuada a los privados de libertad, lo que representa una violación a los derechos humanos de dicha población. Así lo confesó la jerarca en una entrevista a AmeliaRueda.com concedida este lunes tras confirmar que dejará su puesto para asumir, a partir del 1 de enero del 2018, la dirección del Instituto Latinoamericano para la Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente (ILANUD), organismo de la Organización de Naciones Unidas con sede en Costa Rica.

Sánchez, cuestionada y hasta amenazada por su visión de la política penitenciaria y por sus acciones para reducir la sobrepoblación carcelaria (cuando llegó al Ministerio, en julio del 2015, el hacinamiento era de un 52%, ahora es de un 30%), considera que tratar bien a los privados de libertad es una forma de contribuir a la seguridad del país y critica las estrategias de mano dura para reducir la criminalidad.

La salida de la jerarca fue oficializada la tarde de este lunes por medio de un comunicado de prensa en el que el presidente Luis Guillermo Solís calificó su gestión como "exitosa". Aún no se ha revelado quien será su sustituto, la Ministra confiesa que le gustaría que designen al actual viceministro Marco Feoli en el puesto.

A continuación un extracto de la entrevista.

Hubo muchas presiones para que usted dejara su puesto, pero se mantuvo a lo largo de la gestión, hasta ahora que faltando cuatro meses se marcha al ILANUD, ¿por qué no quedarse hasta el final?

Quiero precisar su pregunta; fuimos víctima (su equipo dentro del Ministerio) de una tergiversación absoluta en todo lo que hicimos, a lo último tenía cierto temor de darle declaraciones a los medios, particularmente a uno, porque yo decía una cosa y ponían exactamente lo contrario. Se me acusaba de cometer delitos, de presionar jueces, de nombramientos ilegítimos…. Todas esas presiones, reconozco, me fortalecieron. Sabemos que estamos en lo correcto cuando el cuestionamiento y la presión no derivan de un análisis crítico racional, sino del prejuicio y de la intención de ganar simpatías mediáticas.

¿Por qué dejo el cargo? A mi me quedarían cuatro meses de gestión (en el Ministerio), en el ILANUD el nombramiento es por tres años. Allí voy a seguir cerca de los temas del Ministerio de Justicia, con la relevancia de que es a nivel regional. Creo que si podemos incidir e impactar en la región latinoamericana me voy a sentir muy contenta.

¿Cuáles fueron los cambios más significativos al sistema y política penitenciaria durante su gestión?

El cierre de las "tumbas" (módulo carcelario donde los privados de libertad estaban aislados 23 horas al día), enterrar un pasado de violencia, de violación absoluta de los derechos humanos; romper con el paradigma de encierro y aislamiento; en ese espacio que destruimos hay ahora una unidad terapéutica para la atención de adicciones.

El cambio en el modelo de atención en las UAI (Unidades de Atención Integral) que cambia el paradigma sobre la atención centrada en educación, trabajo y la actividad cultural y deportiva.

El replanteamiento con las mujeres y el trabajo con la población penal juvenil.

¿Qué queda sin hacer y por qué?

Yo hubiera derribado la mayoría de nuestras cárceles que no reúnen las condiciones mínimas, me queda el dolor de no haber podido logarlo. No fue un problema de voluntad, sino de recursos, la institución se vio limitada por la situación fiscal del país, los recursos del Ministerio no son muchos.

Me hubiera gustado haber impulsado más los proyectos de ley que permiten bajar las sanciones de ciertas penas y dan más opciones para que la pena privativa de libertad no sea la pena por excelencia.

¿Cuáles fueron los principales escollos que enfrentó?

Resistencia interna de cierto sector del personal técnico, que se resistía al cambio, porque eso significaba ponerse a trabajar con la población y que no fueran funcionarios de escritorio que se limitaban a revisar un expediente.

A nivel externo: una enorme incomprensión por el manejo mediático que se le dio al tema, que se tradujo en una serie de amenazas contra mi integridad personal, que en algunos casos se materializaron en ofensas verbales. Vivo al acecho permanentemente, cuando entro a un lugar público y se me acerca la gente no sé si me van a saludar o a ofender… Ha habido mucha gente que tiene mala impresión, que me mira con malos ojos porque la información que tienen es la que la prensa ha querido suministrarle, de que soy la responsable de la inseguridad de este país, una afirmación carente de todo sustento y base, sin datos que la respalden, ese es un discurso que gana simpatías políticas, lo nuestro no las gana, porque significa atender una población que ha estado invisibilizada.

El logro más grande fue poner el tema penitenciario sobre la discusión pública, llamar a la sociedad a poner los ojos sobre las cárceles, y sobre la preocupación de que demasiadas personas ingresan a prisión.

¿Qué tanto influyeron las redes sociales en los ataques que sufrió?

Muy lamentable. El anonimato que generan las redes sociales permite un abuso que hace que la gente ofenda, maltrate y amenace sabiendo que no le va a pasar nada, pues es difícil que sepamos quién es… Por eso reclamo a ciertos medios de comunicación, pues después de cada noticia en la que se hacía una información inexacta, llovían las amenazas y los comentarios despectivos, un maltrato permanente; nunca en la vida he vivido tanto maltrato constante.

Hay quienes argumentan que su visión del sistema penitenciario generó inseguridad y se olvidó de las víctimas, ¿qué responde a esos cuestionamientos?

Es absolutamente falso, la gestión de Justicia está centrada en la atención de las personas privadas de libertad, las víctimas de los delitos tienen espacio y mecanismos de protección. A Justicia le corresponde atender a la población privada de libertad, eso es contribuir a la seguridad del país, si damos atención adecuada, acompañamiento y oportunidades de estudio y de trabajo, ¿qué clase de personas (privadas de libertad) egresamos? Personas de bien. Pero, por el contrario, si hay hacinamiento, violencia, poca atención en salud y escasas oportunidades de estudio, egresamos personas con gran resentimiento que pronto van a regresar al sistema.

¿Qué va a pasar ahora con el sistema penitenciario, habrá continuidad pese al cambio de administración y –eventualmente- un nuevo Gobierno?

Creo que con una dosis de responsabilidad quien nos sustituya debe entender que la ruta está marcada y una política penitenciaria definida, ese es el norte y la ruta, quien llegue deberá entender que el sistema penitenciario no puede seguir transitando por la ruta tradicional.

Insisto: ¿qué le sirve más a la sociedad: que el ministerio de Justicia trate adecuadamente a su población o que la tenga encerrada en hacinamiento? Me parece que la respuestra es obvia.

Algunos candidatos hablan de mano dura y penas más fuertes para los criminales. ¿Es eso lo que el país necesita?

Por supuesto que no, si es lo que hemos hecho y cada día tenemos más personas encarceladas, no es solamente un problema nacional sino regional; en todos los países que han recurrido a la mano dura y a la mano súper dura los resultados han sido catastróficos. El tema de criminalidad no se resuelve encerrando más gente.

¿Cómo se debe tratar a quienes infringen la ley?

Todo el que infringe la ley y es condenado debe cumplir una sanción, pero la institución que recibe esa población debe atenuar el impacto negativo que afecta a la persona y su núcleo familiar. Tenemos que atenuar ese impacto del encierro, lo hacemos generando posibilidades de que haya visitas de familiares, espacios culturales, educativos… que aprendan un oficio, potenciar talentos, que el encierro se parezca lo más posible a la libertad.

Le pregunté a un privado de libertad de máxima seguridad cómo se sentía, y me contestó: “¿Cómo se siente un perro amarrado?”.

Es un contraste aislar, segregar, maltratar y humillar para después regresarlo a la sociedad y decirle “pórtese bien”, es un contrasentido que queremos romper.

No se trata de chineos ni de alcahuetería, sino de respetar la dignidad humana.