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Un marcador que dice más que lo que suma​

​Si el Club Sport Herediano fue corazón, la Universidad de Costa Rica fue cerebro

Universidad de Costa Rica 0 - Club Sport Herediano 0

Acaba de terminar el partido y el periodista de Repretel intercepta al delantero Anllel Porras. Le pregunta por la oportunidad de anotar que no concretó hacia el final del partido y Porras, con voz quebrada, responde algo como “no ganamos los tres puntos por mi culpa”.

Al minuto 85, en un final de partido en el que los florenses estaban apostando todo por llevarse los tres puntos (los tres cambios de Jafet fueron ofensivos), Verny Scott metió un balón desde la derecha que recibió, ya en la izquierda, Esteban Ramírez.

El guardameta Méndez desvió el remate incómodo de Ramírez y segundos después Anllel Porras recibía el tercer rebote frente al arco y desmarcado. La tiró afuera.

El Club Sport Herediano pudo haber jugado un tercer tiempo pero no iba a anotar, no era la noche para el gol florense. De modo que Anllel dijo una media verdad, es cierto que botó un medio gol, pero es cierto también que el resto de los 90 minutos, más reposición, el equipo de Soto se vio neutralizado por la disciplina táctica de una Universidad de Costa Rica que llegó al Coyella Fonseca a jugar como visita.


Como una visita bien plantada.

No alcanzan los dedos de las manos para contar los offsides que le pitaron a los florenses. Si el Club Sport Herediano fue corazón, la UCR fue cerebro.

Jason Scott y Ariel Contreras, bien parados atrás, y una media cancha tirada un poco hacia atrás (Valladares, Rodríguez y Montero), fueron las tenazas con que se anuló el juego de Elían Aguilar, Yosimar Arias, que no pudieron cumplir su misión de alimetar a los hombres en punta de los rojiamarillos.


Jonathan Sibaja, uno de los jugadores más destacados del Torneo de Invierno, a su vez, sintió la respiración en la nuca de parte de Verny Scott, que lo supo marcar sin abandonar su tendencia a la escapa ofensiva.

Fue un partido intenso, la UCR dejaba creer a los heredianos que controlaban el encuentro, para cada tanto, y por pasajes extensos, amenazar con una anotación que hubiera sellado el destino de los verdaderos visitantes.

Cero a cero. Un marcador que, en este caso, dice más de lo que suma.